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| Turismo Monumental |
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| Escrito por Administrator |
| Miércoles, 06 de Mayo de 2009 15:06 |
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Cuando el viajero llegue a Los Yébenes, topará con blanquecinas y aseadas huertas en el extrarradio y en el largo trecho hasta llegar al río Algodor; escarpando las montañas próximas, olivos, centenares de olivos dispuestos en hiladas; hacia el valle en los oteros arcillosos de las Tejeras y en los páramos de la Torrecilla, almendros y frutales de oloroso fruto; buenas viñas en el rancho calcáreo... y caminos y más caminos.
El recorrido por la villa nos desvela dos tipos de ciudad: una serrana, con plazuelas mínimas y vías tortuosas (vale la pena perderse por la calle de la Barrera); otra, al sur de la calle Real, más llana, manchega, con plazas abiertas, por la castiza calle del Gato.
La villa serrana está presidida por la Iglesia de Santa María, templo de tradición mudéjar y hoy sede parroquial. Una torre de carácter árabe se integra en el cuerpo clásico del edificio. El ábside aloja un magnífico retablo de estilo rococó tallado en madera sin policromar. Sacristía de tres pisos, llena de buena pintura: La Nave Eucarística (Sebastián Loarte), Los Desposorios de la Virgen (escuela de Rubens)...
Al Palacio de la Encomienda puede llegarse, según creencia popular, por pasadizo subterráneo. Fue antigua morada del comendador y esporádica residencia regia. Una torre corona la fachada, bajo la cual se dibuja una puerta central barroca. La rejería es del XIX. El interior contiene un patio porticado.
Tras la unión, cada parte de Los Yébenes aportó sus ermitas. Desaparecieron las dedicadas a los santos Sebastián, Isidro, Ana, Andrés y Marcos. Otras persisten, como San Blas -probablemente la más antigua-, dedicada al patrón y rodeada de leyendas, y que fue sostenida mediante sufragio de carboneros. El Cristo de la Veracruz, que alberga un bello artesonado, luce portada con arco carpanel de ladrillo y espadaña. Y la de Nuestra Señora de la Concepción, a poniente, con atrio y cubierta y, también, con aparejo toledano. Finalmente, La Soledad y el aledaño Hospital de Caridad de San Carlos forman un conjunto peculiar.
Ascendemos por una senda serpenteante de origen romano -recientemente restaurada- que nos conduce a la Crestería Molinera, en la que “El Molino del Tío Zacarías”, uno de los gigantes del conjunto, goza de elementos originarios que permiten recrear la molienda a la antigua usanza, al igual que el molino denominado "El Torrecilla". Desde el promontorio se divisan los amplios valles en dirección a Toledo y Ciudad Real, con la siempre pintoresco mosaico de cultivos, olivares y raña. También se ha recuperado la antigua Casa del Molinero, acondicionada en la actualidad como centro de visitas y museo etnológico.
Y desde aquí, hacia el sur, cruzándonos con alguna fortaleza árabe y con un río, el Algodor, llegamos a la Venta de Juan de Dios, descansadero de Santa Teresa y del mismo Cervantes. Al otro lado del Camino Real de Sevilla, tras atravesar los restos de otra fortaleza árabe, un soto delicioso y un puente del siglo XII, remontamos para acceder al Castillo de las Guadalerzas, ocupado sucesivamente por tres órdenes militares, hasta que Felipe II se lo vendió al Colegio de Doncellas de Toledo. Luego levantarían la actual capilla (1750).
El resto... mejor ir sorprendiéndose paso a paso.
Documentos de interés: Estudio arquitectónico del Castillo de Guadalerzas
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| Última actualización el Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 17:15 |
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En Los Yébenes existen varias razones que lo hacen un destino turístico obligado: su historia dividida, la abundancia de arte, un interesante mundo legendario y la belleza de su entorno.
Cruzando la plaza, a la derecha, dejamos el antiguo ayuntamiento de la villa -cuando Los Yébenes aún estaba dividido- y llegamos a San Juan (construida por la orden homónima), síntesis ecléctica de estilos. De planta basilical y una sola nave, apoya sus nervaduras sobre recio arco gótico tardío. En el exterior destaca la labor de las puertas, sobre todo la sur, renacentista. Joyas son la imagen de la Patrona y su peana de plata labrada, un óleo de Simón Vicente, el retablo barroco y la antiquísima pila bautismal.
Viniendo de la Casa del Prior por una calle que recuerda oficio de extrarradio, Tenerías, llegamos a una plaza céntrica, que conserva el tipismo en alguna casa, presidida por la Fuente Nueva, del siglo XVIII, con abrevadero y lavadero.